—No era ningún secreto que el joven príncipe Jacaerys, tan querido por el pueblo de Inglaterra, le encantaba la ópera. Solía acudir a menudo, ya fuera en compañía de alguno de sus hermanos, su prometida o, como en esta ocasión, un buen amigo como era el Conde de Shrewsbury. Pocas cosas lograban +