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El hombre de los 6.600 editoriales en ABC
Muchos lectores de ABC no han visto la firma de Jesús Zarzalejos en estas páginas. La razón es que los editoriales que redacta y que se publican en la sección de Opinión no están firmados. Miles de los editoriales de este periódico desde septiembre de 1999, la fecha de su incorporación a esta casa, han salido de su cabeza y de su pluma. Nacido en Bilbao en 1963, es abogado, doctor en Derecho y profesor de Derecho Procesal en Cunef. Como él cuenta, llegó al periodismo a causa de sus vínculos familiares. Desde hace más de tres décadas, compatibiliza la dedicación a la prensa escrita con su vocación de jurista, de la que se enorgullece. En su larga trayectoria, se podría decir que no hay ningún profesional en ejercicio ni en un pasado reciente que haya escrito tantos editoriales como él. Nos explica en una larga conversación su visión del periodismo y la influencia del género en la opinión pública.¿Cuántos editoriales has escrito a lo largo de tu vida?Contando los que escribí en el grupo Correo cuando empecé en 1994, unos 6.600 editoriales.Eso significa que llevas 32 años vinculado al periodismo…Efectivamente.Tu eres profesor de Derecho Procesal. Has dado clases muchos años en la Complutense y ahora en Cunef. ¿Cómo llegaste al periodismo?Yo llegué al periodismo de manera azarosa. No tenía ningún tipo de planificación. Un día me llamó el jefe de Opinión del diario 'El Correo', cuando lo dirigía mi hermano José Antonio, y me pidió que le redactara un editorial de 300 palabras sobre el jurado, un tema que ahora ha recobrado actualidad. Lo hice pensando que era un favor ocasional y, de hecho, tardó mucho en publicarse: diez o doce días. Y a ese editorial, siguió otro y otro. Se fue estabilizando la relación de una manera nada planificada.¿Hacías ese trabajo desde tu casa o tu despacho o tenías que acudir con frecuencia a la redacción?No. Yo vivía en Madrid y hacía ese trabajo a distancia. Visitaba muy ocasionalmente la redacción en Bilbao. Luego, cuando me incorporé al equipo de ABC, sí que venía con cierta frecuencia. Sobre todo, cuando se producían acontecimientos que requerían una deliberación interna.¿Tiene el ABC un consejo editorial externo como otros medios?Lo que tenemos es un comité editorial interno, presidido por el director. Nos conectamos todos los días a última hora de la mañana y comentamos los asuntos de actualidad. Y de ahí salen los temas que proponemos nosotros mismos. Hacemos una labor no sólo de recepción sino también de aportación.Tienes un hermano que ha sido director de ABC en dos ocasiones y y una hermana que se ha dedicado el periodismo. ¿Influyeron tus conexiones familiares para hacer este trabajo?Así es. Nunca estaré suficientemente agradecido a mi hermano a la oportunidad que me brindó. Me considero un privilegiado. Lejos de ser algo que me pudiera causar pudor reconocer, me siento muy orgulloso de mi relación con mi hermano José Antonio porque, además, me dio la oportunidad de aprender periodismo.«Mi hermano José Antonio me dio la oportunidad de aprender periodismo. Lejos de ser algo que me pudiera causar pudor reconocer, me siento muy orgulloso»Una de las cosas que llama la atención en tu trayectoria es que vienes de una actividad tan técnica como el Derecho Procesal. ¿Cuál es la diferencia entre el lenguaje jurídico y el de los periódicos?El derecho es una ciencia y toda ciencia es un lenguaje. Cada palabra tiene que estar perfectamente ajustada a la realidad a la que te tienes que referir. En eso no hay mucha diferencia con el periodismo. Como editorialista, siempre me ha preocupado mucho la precisión del lenguaje, la corrección de la sintaxis y el uso de frases comprensibles. Por eso, he notado un cierto trasvase de la práctica del derecho al periodismo.Jesús Zarzalejos, durante la entrevista concedida a Pedro García Cuartango en ABC. Isabel PermuyPor mi experiencia personal, creo que la dificultad de un editorialista es tener que opinar sobre temas muy complejos en una cantidad limitada de espacio…Sin duda. El editorialista confecciona un mensaje en un espacio que necesariamente tiene que ser limitado y en el que se expresa la opinión del medio sobre lo que te han pedido que escribas.¿No tiene en ocasiones el editorialista el síndrome de ser la voz de otro y, además, desde el anonimato? ¿Te ha generado frustración?No, pero sí un cierto sentimiento de paternidad anónima. Lo que pasa es que, al final, he acabado por interiorizarlo como parte de mi trabajo. El editorialista transmite una opinión, pero siempre validada por el director. Al lector no le llega un ejercicio voluntarista del que escribe el editorial sino una opinión filtrada internamente. Pero es cierto que, en algún momento, piensas que no sería malo saber quién está detrás de un editorial por razones de transparencia. Esto vale para mí y mis colegas.¿Cuáles son las grandezas y las miserias de un editorialista?La grandeza tiene que ser siempre la discreción y la humildad. Saber que te precede un periódico que seguirá existiendo cuando te vayas, que defiendes unos valores editoriales que continuarán cuando tú no sigas. La miseria o debilidad reside en creer que el editorialista patrimonializa la opinión del periódico. Resultaría un error generar un conflicto entre lo que uno cree que hay que decir y lo que piensa el periódico y su director. Un editorialista no debe ser una fuente de conflicto interno, lo que no significa que no pueda mostrar sus discrepancias. No es un espectador silente. Su fortaleza reside en saber transmitir las ideas.«La miseria de un editorialista es creer que patrimonializa la opinión del periódico. Resultaría un error generar un conflicto entre lo que uno cree que hay que decir y lo que piensa el periódico y su director»Parece inevitable que surjan conflictos de conciencia porque no siempre vas a estar de acuerdo con la línea editorial del medio…No he llegado nunca a un estado de conflicto insuperable. A veces, he recibido indicaciones de amortiguación del lenguaje o sugerencias sobre el enfoque concreto de una idea.Puede haber temas de conflicto ideológico, pero también de desacuerdo de convicciones personales sobre temas como el aborto o la eutanasia…Has mencionado dos temas muy relevantes. Cuando había que fijar posiciones en ABC, siempre me he identificado con los matices sin sentir que renunciaba a mis principios. El lector de ABC es mucho más heterogéneo de lo que se cree y, por tanto, esos matices resultan comprensibles dentro de la línea editorial propia y fundacional, que no debe ser tergiversada. Me refiero a valores como la dignidad humana, la monarquía parlamentaria, la democracia liberal, la separación de poderes, la unidad nacional o el humanismo cristiano.Los periódicos tienen intereses económicos y afinidades políticas. ¿No hay en ocasiones contradicción entre esos intereses y el ideario del medio?Hay un asociacionismo entre la cabecera del periódico y una determinada ideología, ambos vinculados por un binomio irrompible en el que un matiz o una crítica puede suponer una deslealtad a esa ideología. Eso es cierto, pero yo nunca lo he vivido así en ABC porque sus valores editoriales son muy fuertes. Tenemos suficiente autonomía conceptual para afirmar que aquí no nos debemos a nadie.Los editoriales no son el género más leído de los periódicos. ¿Tienen influencia? ¿Contribuyen a la formación de la opinión pública?Debemos ser humildes. Los editorialistas no debemos aspirar a ser un 'best seller' diario. Hay que ser conscientes de que el impacto de un editorial es reducido. Pero depende del momento, del asunto y de los lectores. Hay editoriales que tienen un impacto limitado pero profundo en un grupo de lectores que lo leen con enorme interés, aunque no se cree una masa crítica generalizada. Sí se pueden crear masas críticas focalizadas que contribuyen al debate cuando no a la toma de decisiones. La influencia de un editorial es contribuir a la reflexión, a salir del simplismo. Nuestro deber es ser leales con nuestros valores y la verdad, con una visión independiente de la realidad.«El lector de ABC es mucho más heterogéneo de lo que se cree»Pero no crees que los lectores quieren una confirmación de sus sesgos…Completamente. Esa es la gran fuerza vectorial que, a veces, choca con el periódico. No de los que no te leen, sino de los que te leen y esperan que tú les ratifiques en sus convicciones. A eso, a veces, un periódico se tiene que resistir. El periódico no debe secundar los planteamientos excesivamente simplistas de los lectores ofendidos por una situación o muy polarizados. Yo siempre digo que un editorial no debe echar gasolina al fuego, pero tampoco agua al vino. El periódico tiene que mantenerse en ese criterio ecuánime, aunque haya lectores que digan que se dan de baja porque lo consideren demasiado moderado, blando o laxo.¿Cuál es el proceso de elaboración de un editorial desde que surge la idea hasta que se materializa en la página?Muchas veces voy a la reunión de los editorialistas no ya con la lección aprendida pero sí con un cierto guion de los temas que pueden interesar en el día. Salvo que se escriban al hilo de primicias del periódico, suelen ser editoriales de sedimentación que se posicionan sobre lo que viene sucediendo. Una vez que se elige el tema, se reciben las dos o tres directrices fundamentales, se valoran los datos fácticos importantes y el resto queda a la confianza del editorialista, que vive de la confianza que recibe. El trabajo suele ser la actualización de opiniones que se han ido construyendo.¿Está el periodismo en España demasiado ideologizado? ¿Pesan más las opiniones que los hechos?Creo que estamos viviendo un momento de gran sesgo en todos los ámbitos. No sólo en la prensa, sino también en la universidad, en el mundo académico y en la cultura. El periodismo tiene que parar un momento y reflexionar sobre el papel que estamos jugando y sobre las inercias que estamos generando. El periodismo tiene que estar en primera línea y generar opinión, pero siempre respetando los hechos. Cuando los medios abundan en la fabulación o en la especulación, dejan de cumplir su función. Adulterar la opinión pública es no sólo hacer un flaco favor a la sociedad sino también apuntalar el descrédito de la profesión."La polarización es una falta de respeto a la democracia. Supone una apología de la arbitrariedad. El periodismo tiene que reivindicar su papel"¿Está contaminada la prensa por el discurso de polarización de Pedro Sánchez?Sí. Y también pienso que la prensa ha podido contribuir a la polarización. Creo que, a veces, se ha producido un circuito cerrado de retroalimentación. La polarización es una falta de respeto a la democracia, a los sistemas de control del poder político. Supone una apología de la arbitrariedad. El periodismo tiene que reivindicar su papel, sea hablando con suavidad o alzando la voz. No todos somos iguales. Hay que hacerse oír, pero hay quien contribuye más y quien contribuye menos a esa polarización.Todo esto se produce en un contexto en el que proliferan los medios digitales, las redes sociales y nuevos soportes en el marco de una crisis de las empresas informativas tradicionales y de perdida de lectores. ¿Cómo podemos salir de esta situación?No tengo la fórmula. Tú y yo hemos vivido la época en la que había que hacer cola en los quioscos para comprar los periódicos de papel. Yo he ido a los VIPS a comprar los diarios a medianoche. Eso ya no pasa. Nos hacen falta grandes editores, gente con capacidad de resistencia a ciertas tendencias de banalización del periodismo. Y luego es muy importante asumir que hay muy distintas formas de hacer periodismo. La prensa escrita, la televisión y la radio tradicionales representan una forma que contribuye a dignificar nuestra profesión frente a otras de consumo rápido que proporcionan un chute.La sociedad del espectáculo está creando una cultura que no favorece la lectura de la prensa escrita y que empuja a muchos a un tipo de periodismo que nosotros hemos repudiado. ¿No es así?Sin duda. Pero llegará un día en el que esas generaciones que consumen no ya los 140 caracteres, sino mensajes por el móvil, vídeos cortos y otros formatos, necesitarán algo más. Si perseveramos en nuestra concepción del periodismo, acabaremos siendo convincentes para las nuevas generaciones.¿Crees que el periodismo convencional que ha existido hasta finales del siglo XX podrá sobrevivir?Con dificultad, al igual que sucede con muchas de las ofertas de la sociedad industrial. Tendremos que adaptarnos a nuevos formatos y lenguajes, a presentaciones gráficas para explicar las cosas. Yo sigo creyendo que lo que llamamos periodismo convencional sigue siendo necesario porque, al final, siguen pasando los años y seguimos estando ahí.«Si perseveramos en nuestra concepción del periodismo, acabaremos siendo convincentes para las nuevas generaciones»Pero el informe PISA es demoledor. Los españoles cada vez leen menos y tienen menos comprensión lectora, al menos los jóvenes. ¿Cómo se puede luchar contra este fenómeno?Llevo 40 años dando clases en la universidad y he visto pasar varias generaciones. No son peores hoy que las de antes, pero sí tienen un problema de relación con las nuevas tecnologías. ¿Cómo podemos conectar con ese lector? La respuesta es con ofertas que, dentro de su hábitat tecnológico, no sean banales y que les resulten satisfactorias para informarse. Es lo que ha hecho siempre el ser humano para manifestar su pensamiento: desde la mano que se estampa en una cueva hasta el Tik Tok. Nuestra forma de captarles tiene que pasar por decirles que les ofrecemos lo que ellos buscan. Lo que no podemos hacer es competir con la banalidad. Pero todo abona a que las nuevas generaciones lean menos y, por tanto, piensen y escriban peor. Leer es esencial para generar conceptos e ideas y también para poder expresarse. Y ese fenómeno afecta a otras profesiones liberales y científicas. Hay que fomentar en la enseñanza la lectura de los clásicos, sobre todo, en los adolescentes. Un niño de 13 años puede leer 'El Quijote' perfectamente. Este es el punto débil de nuestra sociedad.¿Son peores los periódicos ahora que durante la Transición?Recuerdo el periodismo que se hacía con aquellas máquinas de escribir que hacían un ruido ensordecedor. La gente se entendía y se concentraba con su pitillo en una redacción que era una humareda. El producto salía. Los periodistas somos alienígenas que venimos de otro planeta, pero también somos el fruto de la sociedad de cada momento. Tenemos que buscar la excelencia y eso es más fácil si los discursos políticos son de nivel, suscitan consenso y tienden a la concordia. Pero ahora tenemos que luchar contra la mediocridad de las clases dominantes. En algunos aspectos, el periodismo es mejor que en la Transición, especialmente en los aspectos técnicos, pero se echan de menos análisis sosegados, menos competitividad en las noticias y más vuelos de altura en la visión de los problemas. Lo que me pregunto es si los medios tienen tiempo para hacerlo y si ello es posible dentro de dinámicas muy aceleradas.En épocas lejanas, los intelectuales estaban muy presentes en las páginas de los periódicos. Unamuno y Ortega escribían en los diarios de su época. Hoy los intelectuales parecen alejados de la prensa…Ha habido una cierta adscripción ideológica en la presencia de la Academia en los medios. Lo primero que habría que preguntarnos es si tenemos personajes equivalentes en la España de hoy. Los mimbres de los que disponemos son con los que hay que hacer el cesto. Si existieran figuras con parecidos niveles de respetabilidad y de excelencia, y esa es mi duda, han decidido no participar en el foro público.¿Es la inteligencia artificial (IA) una amenaza al periodismo?Es una amenaza a todo lo que exija razonamiento crítico humano: el periodismo, el pensamiento, la abogacía, la literatura. Es muy tentadora. La manera de frenar la IA es generando internamente una buena formación personal, sabiendo cada uno hasta dónde puede llegar éticamente. La IA te da lo que tú le pidas. Si lo que buscas es un avatar de ti mismo, acabas siendo abducido. Cada uno debe preguntarse lo que quiere ser y si quiere dejarse suplantar por un panel de algoritmos. La mejor limitación de la IA somos nosotros.Pero existe el peligro de que las empresas informativas opten por esas tecnologías para abaratar el coste de sus productos…Hasta que se encuentren que la IA juega contra ellos, que no les obedece. La IA introduce un sesgo ideológico y, en ese momento, puede ser tarde para revertir la situación.¿Existe en el periodismo actual un exceso de tertulias y de columnismo? ¿Faltan análisis solventes de gente que sepa de lo que habla?Existe una manifiesta sobreabundancia de tertulias. Yo no intervengo en ninguna. No es posible tener tantas tertulias con personas que sepan de lo que hablan y que tengan algo que aportar. Aquí entra la práctica del espectáculo, que no es un programa de ocio sino un pugilato en el que los tertulianos aceptan ese papel. Es un producto saturado, que evolucionará a algo más selectivo."No debemos pensar solamente en lo que ofrecemos, sino, sobre todo, en lo que se nos demanda"¿Crees, como decía McLuhan, que el medio es el mensaje?No cabe duda de que un medio fiable y transparente supone un aval del mensaje.Hemos asistido en España a un proceso de concentración de las empresas periodísticas. Eso también ha pasado en otros países. ¿No es una amenaza a la pluralidad y la libertad de expresión?Es una amenaza, y vuelvo a utilizar el término, a la excelencia informativa. Genera enormes dosis de competencia entre pocos, que luchan por el mismo mercado. Pero en lugar de preguntarse por la oferta, habría que preguntarse por la demanda. ¿Hay demanda para más pluralidad? ¿Existe mercado para más medios escritos? No sólo debemos pensar en lo que ofrecemos sino, sobre todo, en lo que se nos demanda. En este momento, la gente quiere que le digan que lo blanco es blanco y lo que es negro es negro. Me pregunto si tenemos una sociedad que necesite una mayor pluralidad de medios. Pero además hay un problema empresarial de ingresos, que obliga a una concentración para sobrevivir.