< labios con vehemencia hasta quedar sin aliento.
Cuando al fin pudo deshacerse de la camisa, deslizó manos sobre el torso desnudo de Rhaegar, deleitándose al sentir como su cuerpo atlético, era capaz de encenderla como una lumbre avivada por la leña.
Ahogada en el deseo, regresó a besar sus >