+ puños, sintiendo el cuero de los guantes. Ladeó el rostro, de nuevo tornado en un indescifrable muro de piedra, y meció algunos mechones dorados.—
Me repugnas. Mirarte me causa rechazo.
—Dijo, con una calma fría y aterradora, aunque su mirada ámbar relucía brillante de ira. Lo conocía, sabía +