Antes siquiera de que pudiese comentar nada al respecto, parecía que Yume ya se había decidido por los dos. Se dejó llevar, manteniendo una sonrisa resignada.
—Mh, aguas termales... ya está empezando a arreciar un poco el frío—caviló antes de acatarlo con un cabeceo—. ¡Pues vale, vamos! ¿Cuándo?