- ¡Ostia, Chusma, se me ha olvidado traerte el puñal!
- Bah, tranquilo, Pablo, cuando vayamos a atracaros al Buesa me lo devuelves. ¿Lo has limpiado?
- En cuanto me lo quitaron de la espalda, lo metí en el lavavajillas.
- Estupendo... si no cuesta mogollón quitar luego la sangre.