Gente sin casa, casas sin gente y un montón de historias entre los muros de ladrillos. Pero, fijaos, las historias más hermosas están, como siempre... entre las paredes de los más humildes.
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Las varillas de la esperanza
Y en aquel camino de tierra que lleva a la casa en que crecí, donde antaño había huertos cerrados con la sofisticación de un viejo somier, no queda una sola parcela por construir. O casi. Porque aún perdura —inexplicablemente, porque podría venderse por un buen pico— el esqueleto fantasma de una casa que no llegó a ser. Compró