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Probamos President: pactos, traiciones y muchas animaladas en el partido
Hay juegos que se explican en cinco minutos y se disfrutan durante horas. President, el nuevo diseño de Nico Cardona, con ilustración de Raúl Moreno y Alba Aragón, editado por Too Bad Games y distribuido por Zacatrus, entra de lleno en esa categoría. Un juego de cartas de sátira política donde los jugadores compiten por convertirse en el animal dominante del partido a base de ascensos, pactos, difamaciones y una buena dosis de corrupción oportunista. La premisa no puede ser más de actualidad, aunque —y esto es importante— el juego se mantiene escrupulosamente neutral en términos ideológicos. Aquí no hay izquierda ni derecha: solo ambición. Lo probamos en formato de seis jugadores, con tres secretarios, dos vicepresidentes y un presidente, durante un fin de semana de juegos de mesa en una casa rural. Teníamos varias opciones en la mochila y ganas de estrenar. President fue, con diferencia, al que más volvimos. Una jungla con reglas claras La estructura del juego es sencilla sobre el papel. Cada jornada, todos los jugadores eligen simultáneamente una carta de acción y la colocan boca abajo. Antes de revelarla, hay un momento de negociación abierta donde se permite —y se incentiva— prometer, mentir y presionar. Luego se resuelven las acciones siguiendo el orden jerárquico del partido, de abajo hacia arriba, y se actualizan posiciones, puntos de victoria y puntos de fama. El primero en llegar a siete estrellas gana. Las acciones disponibles son siete: Ascenso (subes un puesto en el organigrama), Entrevista (premia al mejor colocado al final de la ronda), Cámara (acumulas fama mediática que se convierte en puntos), Sobre (corrupción con efectos sorpresa), Trato (pacto mutuo que solo funciona si ambas partes lo juegan), Difamar (adivinas la carta de un rival y le robas un punto) y Vacaciones (recuperas toda tu mano). Son pocas, pero generan en mesa mucho más de lo que sugieren sobre el papel. El sistema tiene además un detalle de diseño que merece atención: la asimetría de posiciones no solo afecta al orden de resolución, sino también al tipo de ventajas disponibles. Los que están arriba tienen más iniciativa en las acciones mediáticas; los de abajo tienen más margen para adelantarse en la resolución. La jungla política funciona en ambas direcciones, y eso se nota. El momento que resume por qué funciona En nuestra partida, el momento más divertido no fue ninguna acción brillante en solitario, sino una traición en cadena: un pacto que se hacía en secreto pero que fue detectado por un tercer jugador, quien jugó por su cuenta su propia carta para romperlo justo antes de la resolución, dejando al otro colgado con un Trato sin pareja. Esa secuencia, que duró quizá dos minutos, resume perfectamente lo que President promete y cumple. Las difamaciones fueron otra fuente constante de tensión. Aunque son el arma más directa del juego, tienen un efecto secundario interesante: cuando la amenaza de ser difamado es alta, los jugadores se retraen, dejan de farolear y empiezan a negociar en secreto, con pellizcos...