—No te importa, ¿no? —me preguntó. Debía haberme visto con la boca abierta de asombro. Sí que había algo que no hubiera visto antes, esa enorme polla.
—No, claro, somos amigos —conseguí balbucear.
—Además, se nada mejor desnudo —afirmó—. Puedes quitártelo si te apetece.
—No, gracias, estoy bien.