Y ya lo eres, cazzo, pero pasaréis a ser dos.
—Replicó sin perder la suave sonrisa de sus labios, girando el rostro lo necesario para besar la sien izquierda de su marido.
La calma comenzaba a rodearles y Morfeo, poco a poco, iba colándose entre sus suaves palabras.—
Estoy segura de que si ›