— Que bueno, ya te estabas tardando... Hmph.
Fue todo lo que dijo, más calmado, más suave. Juntos caminaron por los jardines de la finca, tomados de la mano como si tuvieran el lujo de ser dos civiles.
— Quisiera comer carne... Tengo mucha hambre...
Se quejó, aunque también ya era hora de