—No están nada mal… —comentó Fukawa, algo más dócil que al principio—. Je, je… entonces esto también lo hacen las amigas.
Parecía que, en efecto, ¡el bombón había cumplido su objetivo!
—Supongo que ahora yo deberé darte unos también, ¿no? T-te advierto que no pienso hacerlos caseros, >