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Un nuevo reglamento pone entre la espada y la pared a productores de miel de abejas nativas
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Luis Barrantes sale a dar una vuelta por la finca para ver “su ganadito”, pero no camina hacia un potrero o una lechería. **Va hacia las colmenas de abejas nativas que tiene en la galera detrás de su casa.** Luego aprovecha para revisar las trampas que tiene esparcidas por el monte para atraerlas.
En el tronco de un guanacaste caído hay un pequeño tubo de cera que se asoma entre la madera, de donde sale un batallón de soncuanos al “ataque”.
«Se le pegan a uno mucho en el pelo… pero no pican. No tienen con qué picar. Pegan unos mordisquillos que parecen caricias», dice Barrantes sobre estas abejas sin aguijón, mientras defienden su panal como pueden.
Hace como cinco años **aprendió de cero el oficio de cosechar la miel de abejas nativas** y hasta noviembre de 2025 había trabajado sin mayores preocupaciones. **Pero ahora un reglamento pone en entredicho su oficio.**
El diario La Gaceta publicó un reglamento con las **nuevas normas para la cosecha de miel con abejas meliponas.**
El Ministerio de Ambiente y Energía (Minae) defiende este documento como una medida para garantizar **un equilibrio entre el desarrollo socioeconómico de los productores y la protección de la biodiversidad nacional.**
Barrantes, en cambio, tiene incertidumbre. También sus colegas productores. Incluso, hay cuestionamientos entre la comunidad científica que trabaja en la preservación de las abejas.
### **Apicultores ven en el reglamento una amenaza**
La finca de Barrantes se llama El Soncuano en honor a estas pequeñas abejas (_Scaptotrigona pectoralis). Aquí tiene 2_ 4 colmenas en total, pero no solo tiene soncuanos sino también tiene abejas mariolas (_Tetragonisca angustula_).
Según sus cálculos, de una colmena que esté lista para producir obtiene medio litro de miel al año, una cifra muy reducida si se compara con la cantidad de galones de miel que produce la abeja europea (apis mellifera), que es **la especie de abeja con mayor distribución en el mundo, y que en Costa Rica se considera invasora.**
Para producir la miel de abejas nativas de todo un año necesita el doble de colmenas que maneja actualmente, cuenta. El nuevo reglamento que entrará a regir en noviembre, un año después de su publicación en La Gaceta, **convierte eso en una actividad ilegal.**
Luis Barrantes en su meliponario trabaja principalmente con miel de soncuanos (Scaptotrigona pectoralis) y mariola (Tetragonisca angustula). Tiene jicote gato (Melipona beecheii) pero tuvo que moverlas hacia otro lugar debido a fumigaciones de fincas vecinas.Foto: César Arroyo Castro
Mientras avanza por su finca, Berrantes reitera que ese documento representa una amenaza para la meliponicultura familiar. La Cámara Nacional de Meliponicultores (Canamel) también ha mostrado preocupación mediante oficios dirigidos al Minae.
De todas las medidas, hay dos que generan gran preocupación. **La primera tiene que ver con los límites a la cantidad de colmenas.** El documento define un tope de cinco colmenas para uso doméstico y 30 colmenas para uso comercial.
Las abejas nativas sin aguijón **están protegidas bajo Ley de Conservación de la Vida Silvestre.** Para su preservación, las autoridades dictaron medidas restrictivas alegando una ‘finalidad legítima de gestión, control, fiscalización y conservación de los recursos biológicos sometidos a tutela estatal’.
Una vez terminado su recorrido por la finca El Soncuano, Barrantes decide volver a su casa atravesando jardines y árboles de achiote que él mismo ha sembrado para asegurarle un ambiente óptimo a sus abejas.
Las cuida como el que se sabe guardián de una tradición antigua. Hace algunos meses tuvo que llevarse a una finca vecina sus colmenas de jicote gato (Melipona beecheii) para protegerlas de la fumigación de un potrero cercano. Esa abeja nativa también está en medio de la discusión, **ya que según el reglamento no está dentro de las especies aceptadas.**
La segunda medida es la restricción al uso de solo dos especies: mariola y soncuano.
Según el Centro de Investigación de Abejas Tropicales de la Universidad Nacional (Cinat), en Costa Rica existen registradas 58 especies de abejas nativas, de las cuales **se han encontrado 20 especies que son utilizadas dentro de los meliponarios del país.**
Canamel envió una solicitud a la Oficina Técnica de la Comisión Nacional para la Gestión de la Biodiversidad (Conagebio), encargada de la elaboración del reglamento, para **incluir al jicote gato (Melipona beecheii ) y al jicote barcino (Melipona costarricensis)** dentro de las especies permitidas para manejo y aprovechamiento.
Barrantes opina que la aplicación del reglamento aumentará un subregistro de los meliponarios del país y mantendrán a los productores en la informalidad, ya que **establece un periodo de doce meses para que todos los meliponicultores regularicen su situación e inscriban formalmente sus meliponarios** ante el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac).
“La gran mayoría no quieren registrarse por una sencilla razón: ninguno cumple con lo mínimo que exige el reglamento. O sea, la gran mayoría tiene más de cinco o más de 30 [colmenas]. Y la gran mayoría no tiene solo dos especies, sino que tiene 3, 4, 5, 10, 15”, afirma.
### **El dilema de los científicos**
La meliponicultura no es una novedad en los pueblos de Costa Rica,**forma parte de una tradición milenaria en Centroamérica desde la época prehispánica.** En la provincia de Guanacaste, el _jicote gato_ ha sido criado históricamente en troncos en los corredores de las casas, donde las abejas eran consideradas «compañeras del hogar».
Sin embargo, paralelo a la economía local de la miel, después de la pandemia muchas personas optaron por tener abejas nativas en su casa y**los resultados de eso no siempre fueron positivos** , explica Ingrid Aguilar Monje, bióloga y coordinadora del Programa de Abejas Nativas del Cinat.
> Muchos creadores de contenido digital empezaron a emerger en esa época. Hubo una explosión de gente que ofrecía cursos de todo, de velas, de cosméticos, de recetas. Bueno, pues en el caso de la crianza de las abejas sin aguijón también”, amplía Aguilar.
La meliponicultura responsable puede tener una enorme cantidad de impactos positivos en distintas áreas, dice la académica. **Muchas personas transforman sus fincas sembrando árboles y plantas nativas, lo que incrementa la cobertura vegetal y la biodiversidad local.**
La abeja mariola (Tetragonisca angustula) es una de la especies avaladas por el reglamento para el aprovechamiento de su miel.Foto: César Arroyo Castro
Así lo hizo Barrantes, que vive en una finca llena de flores y árboles. En Costa Rica existen unas 8.500 especies de plantas con flor, y cerca del 60% de ellas son polinizadas por especies de abejas nativas. Esto es muy importante en Guanacaste, ya que mantienen una relación estrecha con especies del bosque tropical seco como el encino o roble de sabana y el madero negro.
En Guanacaste y el golfo de Nicoya la crianza de abejas sin aguijón **ha sido una fuente de ingresos complementaria para familias en comunidades** como La Cruz, Lepanto o Paquera. Esa actividad les ha permitido obtener un ingreso económico sin necesidad de recurrir al cambio de uso de suelo ni a la ganadería extensiva.
El problema, según explica la bióloga, es que no todas las personas están capacitadas para tener abejas en casa.
“Empezaron a emerger personas o grupos con un interés más monetario y ahí entran actores que no necesariamente tenían esa sensibilización por las abejas, ese amor o esa cuestión de que fue heredado. Algunos lo dijeron así “yo lo veo como algo comercial, no me interesa nada más””, comenta.
El académico del Cinat, Eduardo Herrera, quien también trabaja en el Programa de Abejas Nativas, explica que la falta de capacitación y sensibilización genera malos manejos de las colmenas de abejas nativas y, por tanto, pone en riesgo a las especies.
Por ejemplo,**mover colmenas de una región a otra sin ningún control** es un error que puede alterar la genética de las abejas.
Otro punto crítico es la **compra extractivista y comercialización desorganizada de colmenas** por parte de personas con alto poder adquisitivo a familias de zonas rurales vulnerables que las mantenían como herencia ancestral.
“Vimos gente corriendo a comprar como locos troncos con las abejas a gente que las tenía por herencia, por conocimiento cultural, ancestral. Tal vez personas mayores con necesidades en una situación vulnerable y se quedaron sin su patrimonio cultural y natural. Y ese conocimiento ahí se pierde, se rompe”, explica la bióloga.
El Cinat considera que todas estas situaciones**hacen que un reglamento sea urgente y necesario** , pero al mismo tiempo, confirman las declaraciones de Barrantes sobre las medidas planteadas: tienen un carácter preventivo y de control pero **no poseen el sustento biológico y científico** que respalde la cantidad de colmenas y las especies seleccionadas.
“Sinceramente no hay un estudio. Nosotros incluso no podríamos ahorita darte una respuesta si nos preguntaran cuántas colmenas o qué especies podrían tener en un meliponario. Eso va a depender mucho también de las regiones y del conocimiento base que tengamos de cada especie que se quiera utilizar en meliponicultura”, asevera Aguilar.
De las 20 especies que se han registrado en meliponarios a nivel nacional, la especialista señala que se desconoce **cuáles son las necesidades, plantas y requerimientos de la mayoría de ellas.**
La Voz intentó conocer el criterio científico con el que se determinaron las especies y cantidades de colmenas definidas en el reglamento**pero no obtuvimos respuesta del Conagebio al cierre de la nota.**
“Ojalá que esos lineamientos los analicemos más a fondo, para tener más certeza de lo que estamos proponiendo de quién sí puede tener, quién no, qué especies sí, cuántas. Todo eso se haga con conciencia científica y también tomando en cuenta la parte biocultural que estamos perdiendo y dejando de lado. Sobre todo hablando de la zona de Guanacaste, donde ancestralmente eso fue algo muy importante”, subraya la bióloga.
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