— Doble y punzante, recorriéndole desde el cuello hasta el pecho sintió la familiar descarga de dolor, dos colmillos hundidos en su piel.
La sangre, la misma arrebatada minutos antes a su víctima y que recorría sus venas, ahora deslizándose por la garganta del más joven. Roja, viva, cálida.