— Y tenerte frente a mí, reafirma mi teoría que, en la vida y en la muerte, siempre volveremos reencontrarnos. Podría estar en cualquier parte del mundo, reencarnado en una higuera o un animal... Y sería capaz de reconocer el tono de tu voz, la intensidad de ojos. Esas manos ásperas...
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