— Estás aquí... es todo cuánto importa.
Anteros no podía decirle que estaba perdonada, porque se le daba mal mentir. Porque el perdón era difícil y, por mucho que la entendiera, su corazón seguía herido. Pero nada de eso significaba que la amase menos.
El perdón llegaría con el tiempo, suponía.