> sus hijos tuvieran una mente tan despierta como la suya—.
... Hola.
—Se acercó unos pasos, todavía no demasiados. Esbozó una suave media sonrisa—.
Siento lo de la puerta. Milena me ha recibido, pero... necesitaba verte. Quería venir a estar a solas contigo.
—Siguió caminando. Un paso, otro, >