— Le sorprendió la ligereza con la que habló de la muerte de sus hermanos. O bien no quería hablar de ello o lo tenía bastante asumido.
Así que prefirió seguir con la profecía. —
Sí. Ya ves. No tengo pinta de uno, ¿verdad? Soy demasiado guapo para serlo.
+
Tenías dos, murieron.
——— Agarró con ambas manos su libreta ya cerrada sobre su pecho, teniendo su azulada mirada puesta en la del hombre que se encontraba a su lado. No solía soltar aquella respuesta, porque en el muy fondo le llegaba a desgarrar.
Su ceja se alzó, inclinando la cabeza a un lado >