— Está por abrir la boca cuando el æsir lo empuja contra la pared. Enseña los dientes gruñendo. Su piel se vuelve más cálida por la sangre que fluye bajo él, ardiente, venenosa. —
Sé que tú no me matarás, ambos sabemos quién se adueñará de ese honor.
— Intenta respirar hondo y calmarse. —
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Tiembla ligeramente ante el roce de su mano, y sus palabras no ayudan a que su concentración se mantenga.
——Basta, cállate.
Espera, avanzando algunos pasos hasta que acaba empujándolo contra la pared, su mano aún sosteniendo su cuello.
——No voy a matarte. Joder. Aunque los dioses saben que +