— No se le escapa esa reacción, tanto que se le dilatan levemente las pupilas.
Aunque finalmente, por el bien de ambos, se separa. —
No soy cualquier monstruo. Esta escrito: conmigo llegará el fin de los dioses.
——— Observa el rostro contrario, sin esperarse ese gesto y que no negaba que la piel del brazo se le erizó.
Tan solo alzó su ceja, mostrando una media sonrisa y volvía la vista a su cuaderno para seguir.———
No me asusto fácilmente, señor monstruo.