—Sus ojos persiguen la forma en que se siente. Sus piernas, sus manos... Su daga, ahora apoyada sobre su barbilla.
Y no se aparta. Esa vorágine que siente cada vez que está cerca de él le impide hacerlo. No lo admitirá, pero le gusta el frío de la hoja sobre su piel.
Y ahora le tiene >
—Lohen aprovecha la mesa para sentarse encima de la misma de un pequeño salto; un brillo burlón resplandece en sus ojos carmesí—. ¿Y desde cuándo te importa a ti eso? No te he visto preocupado por el protocolo ni un solo día de tu vida. —Lohen se inclina hacia él; de nuevo, apoya la punta de su +