Y la cazadora era lista... Pero, en cuanto esta se detuvo, Lucrecia no dudó en aprovechar la oportunidad.
La vampiresa se dejó caer sobre ella con un movimiento impulsivo, buscando aferrarse a su cuerpo y alcanzar su cuello. No era, desde luego, la forma más elegante de actuar, pero llevaba +
Aquellos ojos. Hacía demasiado tiempo que cazaba monstruos para saber que el silencio nunca es buena opción.
El paso de las botas de cuero sobre los charcos siempre dejaba un sonido interesante, aquel “ plas ” que podía oírse a cada paso. Que cada momento decía que algo se estaba moviendo, pero »