+ algo que le complació mucho: la mano derecha del mestizo en pleno letargo. Emitió la espada un suave siseo… Y el ojo se cerró un instante. La espada vibró sola, temblando ligeramente sobre la mesa. Poco a poco, el arma fue desplazándose hasta desenvainarse sólo un par de centímetros. El metal de +