—Pues claro—respondió, pero entonces soltó un suave suspiro, y cabeceó levemente junto con una leve sonrisa. Dejó que ella pasara a su habitación, y la siguió—. Perdona el desorden, no he… Estado mucho por aquí estas últimas cuarenta y ocho horas.
En cuanto rebuscó en la cómoda, el primer cajón +
—¿Te lo vas a tratar solo? —negó con la cabeza—. No tienes remedio. Vamos, anda, te ayudaré. —Se adelantó unos pasos hasta la habitación. Sin pensárselo mucho fue hurgando por los cajones para tomar gasas o lo que fuera que tuviera disponible para limpiar y tapar la herida—. Debiste haber actuado >