— Estoy en ello, ahora que no hay maldición espero que el maldito Martikov deje de dar por saco, se rasque el bolsillo y haga una fiesta como manda.
Strahd se ha pasado la mano por la cara un tanto exasperado.
— Queda por reconstruir una biblioteca y una estatua, creo que ha dicho, a San Andral.>