— El incubo asintió y tal como había llegado, se marchó. No se fijó en Belphegor, ni se lanzó a por él como habría hecho en ocasiones anteriores. Asmodeo había dejado bien claro que nadie tenía derecho a tocarlo, nadie más que él —
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¿Una copa? Belphegor parpadeó en confusión. Su ceño se frunció de a poco, oculto bajo su largo cabello, agradeció la intimidad su sus greñas le conferían. ¿Sólo ese tiempo le dedicaría? Una punzada se le instaló en el estómago, una que ignoró.
— Entiendo. — Siempre le había robado tiempo a [...]