— Sí, sí que quería el demonio divertirse con él; pero no parecía estar muy colaborativo, o mejor dicho, estaba demasiado colaborativo. Si algo le gustaba de él, era el miedo que le tenía, el no saber cual sería su siguiente paso. Esa fingida inocencia. Pero hoy, no le estaba dando ese juego —
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Siempre tan directo. Juraría que cada vez que se encontraban de nuevo, Asmodeo encontraba nuevas formas de tirarse a su cuello. La nuca del demonio se tiñó del color de la vergüenza, incluso sus orejas (más notorias entre las hebras de su cabello) adoptaron un color similar. Carraspeó, puso [...]